viaje relámpago a Turín
Tras el viaje a Italia vuelvo a estos lares de periodistas im_precisas.

La semana pasada se celebró una feria de alimentación ecológica en Turín, el Salone del Gusto, y cayó en mis manos la invitación de prensa. No pude ni quise negarme, era la primera vez que pisaba Italia y no me decepcionó. En el vuelo nos encontramos (hablo en plural para referirse al grupo de periodistas invitados) a Ferran Adrià que viajaba a Turín para explicar la alta cocina y el diseño. Un hombre llano que cree en lo que hace y lo expone desde el corazón. Es realmente un genio de la cocina y mucho más inteligente de lo que yo pensaba. Es rápido, sincero y tiene respuesta para todo. Su último invento relacionado con el café, partner con Lavazza, son unas lentillas comestibles siguiendo el camino de las esferificaciones de café y el zumo refrescante y casi energético de frutas de la pasión, menta y café. Desde que estuve en Italia no pude negarme a tomarlo en cualquiera de sus formatos. Me he vuelto café-adicta.

En la feria a parte de conocer a compañeros de profesión, ¡qué profesional suena dicho así!, tasté nuevos productos del mercado ecológico como mieles de acacia, de frutas del bosque, de girasol y de camomila. Increíbles manjares de un apicultor que mantiene una filosofía de sostenibilidad en su quehacer diario. Probé aceites de pistacho, de cacahuete y de coco, desconocidos para mí hasta aquel momento, descubrí la nocciola, sacié el apetito con embutidos de primerísima calidad y aprendí que con la comida se pueden hacer muchas cosas como por ejemplo un abecedario.

Tras los compromisos laborales aprendí a escaquearme del rebaño y paseé con abrigo y bufanda por el centro histórico de Turín. Hasta llegar a él transité sin hablar dentro de un bus de línea mugriento, sucio y pestilente que me llevó hasta Porta Nuova, paseé por Via Roma hasta Piazza Castello, y me sentí minúscula en aquellas grandes avenidas y espacios abiertos. Es una ciudad imperial, con una arquitectura muy racionalista. La historia dice que fue la primera capital italiana y se nota. El azar me dirigió a unas galerías al aire libre que contenían puestos de libros, discos y películas de segunda mano. Rebusqué entre los clásicos pero no adquirí ningún título. Seguí bajando la cuesta que me llevó hasta el río Po.

Esta foto, que salió de mis manos congeladas a las cuatro de la tarde a los pies del Piamonte, os dejo comentarla a vosotros para no hacerme pesada.

6 Comments:
Un buen viaje, quien pudiera, bueno ya se que me diras que era por el trabajo.
Salud i un abraçada
llamj
7:37 p. m.
a veces el trabajo da este tipo de oportunidades...me alegro que hayas descubierto otro rinconcito más de nuestro mundo...
un besito nineta
10:11 a. m.
Qué ilusión ver esto renovado y más de la manera que lo has hecho, joana. Que gran oportunidad para ver un "Trocito" de la maravilla que esconde italia.
Un besazo
Dueñas
7:59 p. m.
Yo no conozco Turín pero parece lindo, con su majestuosidad. Es genial también que hayas aprendido tantos saberes culinarios. Eres toda una experta! Tendrías que hablar con Manu, que le encanta todo eso también.
La última foto es genial. Yo la titularía "Yellow" o "Yellow en el Po" (y de fondo, Coldplay, claro).
Besito
11:45 a. m.
GRACIAS FAMILIA NUMEROSA
6:46 p. m.
Jo, qué exquisito todo lo que cuentas...
3:05 a. m.
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