CAÓTICA YO-ANA

Decidí dedicarle unos minutos a un cartel en mitad de la calle con un rostro de chica dividido en 2 y besé la luz que desprendía, más tarde me di cuenta de que el caos era yo misma, y me invité a una sesión golfa. Pedí permiso para entrar a un cine de los de antes, de los de una sola sala, y los ojos del chico de la taquilla me dieron la bienvenida.
-Por mi instintiva curiosidad, como si fuera un dependiente al uso, le pregunté: “¿qué tal la película?
- Si te gusta Medem, te gustará.
En mi mente apareció lucía y el sexo, la ardilla roja y los amantes del círculo polar: -Entonces dame una para las 00.00
- 6,50 por favor
- ¿Carnet joven, estudiante, pensionista, grupo?
El silencio me dejó clarísima la respuesta y pagué con el último billete de 20 euros. Esperé el cambio impaciente y como si el sin nombre leyese mi pensamiento afinó la voz y aseguró: -tampoco es tan caro, un cubata vale lo mismo.
- Y dura menos, puntualicé. Sin hablar le agradecí por convencerme de que sola o acompañada volviese a descubrir los secretos de la gran pantalla.
En la sala solo había una pareja en las primeras filas y minutos antes de que empezase el film entró otra pareja esta vez de chicas. “Nosotras somos todas unas putas y ellos unos violadores” dice la antagonista de la película. Ahora que lo pienso yo también soy un poco puta con mi violador pero prefiero ser la mejor diosa de mi dios sol. Todo depende del momento, de la situación vivida, de la imaginada, y sobretodo de los objetos (ya sean personas o cosas) que interfieren entre ambos. Esos objetos pueden ser uno mismo, su mente, su pasado o su presente. Sabría vivir en soledad pero prefiero pasar la vida acompañada.
































