-Periodistas de IMprecisión-

lunes, marzo 05, 2007

Desde Rusia con amor

Hola chicas, qué lío me he hecho para acceder al blog, y eso que parecía sencillo. Bueno, sólo quería seguir la sugerencia de Marian y colgar alguna que otra fotillo de Moscú, para que veáis un poco de la ciudad inmensa y blanca que he visitado. Espero que estéis bien, todas, os echo de menos. Un beso.


P.d. No podía dejar de escribir el más típico de los típicos títulos sobre Rusia.


Esta es una de las vistas de la Catedral de San Basilio, que es el más simbólico de los edificios de Moscú, situado en la Plaza Roja. Era muy alto y parecía de cuento, de Hansel y Gretel o algo por el estilo. Me encantó verlo, cubierto de nieve como si fuera de dulce y nata.

Este es el Hotel Ukrania. A lo largo de la ciudad de Moscú hay siete edificios más contruídos en el típico estilo estalinista: edificaciones casi monstruosas, enormes, fuertes, agerridas y que demuestran todo aquello que Stalin quería para la ciudad más bella del Imperio. Se veía desde toda la ciudad, prácticamente. También desde el hotel y nada más alzar la vista, mirases donde mirases, te topabas como uno de las siete emblemáticas construcciones.


He querido plasmar aquí el tráfico horroroso de la ciudad de Moscú, que era increíble. Superaba con creces el de Madrid, con sus enormes carreteras formadas por ocho y diez carriles. Afortunadamente, no había pasos de peatones que todavía podrían haber entorpecido más el ir y venir de las abarrotadas calzadas.

En el metro ocurría más o menos lo mismo que en la carretara: las estaciones eran inmensas, conectaban con muchas líneas de metro y la gente se apelotonaba en todas partes. Para subir y bajar las escaleras automáticas se formaban auténticas aglomeraciones. El metro, por otra parte casi centenario, no se parece nada al Metro de Madrid, vuela. Tiene una construcción diferente, un aire más antiguo, y los techos están formados por cúpulas y bóvedas de escayola. En las paredes de las estaciones por las que pasé, había inscripciones y mosaicos -de Lenin, de Stalin- y las lámparas en todas las estaciones eran arañas de hierro forjado, preciosas.

De nuevo frente a la Catedral de San Basilio. La foto es del lunes, el primer día que pasé allí, y qué gracia, porque me la hizo una rusa a la que aún no había aprendido a dar las gracias en ruso. Se dice "spasiba". Suena bien.

Esta es la Iglesia del Cristo Redentor, que es moderna. Está en otra parte de la ciudad, cercana al Museo Pushkin de arte europeo. Es, en realidad, de la época de los zares, su construcción duró 45 años pero el sinvergüenza de Stalin, por no decir otra cosa, la saqueó, voló por los aires y convirtió en una piscina. El gobierno ya democrático de los noventa se empeñó en reformarla con dinero público, cosa que despertó muchas críticas en la población. Pero qué bonita e impresionante era a mis ojos.

Por fin el Kremlim! Me costó lo mío porque no pensé que me daría tiempo a ir, pero al final lo conseguimos, el viernes por la mañana. Fui con una de las alemanas, muy simpática, y ella me tomó la fotografía. El Kremlin era inmenso, con muchos edificios oficiales a los que hacer una foto casi te costaba la expulsión o algo así (vete tú a saber qué te decían los rusos en su cirílico idioma) y con iglesias y catedrales doradas por todas partes. Una pasada.


Desde el hotel, la última planta. Era un rascacielos y por las noches y algunas mañanas subí a echar un vistazo. Era muy impresionante, sobre todo para una madrileña que ha visto a duras penas la nieve, y cuando menos, un río congelado.


Esto formó parte del espectáculo ruso que vimos en el Teatro Yar, construído en época estalinista (si no me equivoco). Era un sitio increíble, un teatro de época en la que en un extremo estaba la orquesta (y una tipa cantando "Summertime" y "Unforgettable", vestida como Gilda poco más o menos) y en el otro, el escenario donde contorsionistas y bailarines interpretaron para el público un espectáculo de variedades que dejaba absorto. Me encantó, aunque fue la última cena, la del colofón final, y ya solamente quedábamos una de las alemanas y yo, junto a hombres de negocio y ejecutivos que sólo hablaban alemán. Me sentí tan aislada y contrariada disimulando con los trocitos minúsculos de comida -para que nunca se acabara y al menos tuviera algo que hacer-, observando la orquesta y yendo al baño, que terminé concentrada en un enorme acuario en el que había cangrejos enormes que me miraban con más comprensión que el resto de la peña fetén que había allí. "Somos gente ficticia, naúfragos urbanos... ".

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡Qué lindas fotos!¡Gracias por compartirlas con todas! El río helado me ha dejado impresionada. Quédate con todo eso, con los sitios chulis de Moscú.

Besito! Por cierto, ¡ayer no trabajaste!¡Qué suertecilla!

1:57 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

¡Qué lindas fotos!¡Gracias por compartirlas con todas! El río helado me ha dejado impresionada. Quédate con todo eso, con los sitios chulis de Moscú.

Besito! Por cierto, ¡ayer no trabajaste!¡Qué suertecilla!

1:57 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Jajaja. Nos ha quedado claro tu comment Tata :b
A mí me gusta mucho la foto que te hizo la rusa. Tenías la mano que no llevaba la manopla en fase de congelación!! Qué grandes las cámaras digitales, verdad? Aunque no sepamos borrarles la hora...jajaj

Besitos a todas!

8:04 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Son unas imágenes preciosas ¿Cuándo nos enseñarás todo el repertorio? Aún me parece imposible que hayas ido a Rusia¡¡
Besos a todas, por cierto, que como sigamos con este ritmo desenfrenado de colgar post vamos a saturar la página :p

12:28 p. m.

 
Blogger Joana Abrines said...

Olé... y para terminar un gran viaje una frase reflexiva: "somos gente ficticia, naúfragos urbanos".

Un abrazo políglota.

11:22 a. m.

 

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